Análisis del 10-N

El día de la resaca electoral podemos afirmar que la fragmentación y el bloqueo persisten en el escenario político. Dicho de otro modo: la repetición de comicios poco ha servido para resolver el embrollo.

Si en las próximas semanas se logra desbloquear el proceso y se forma un gobierno estable no será posiblemente gracias a la aritmética electoral –que sigue siendo igual o más compleja que la de abril–  sino gracias a giros políticos a los que están llamados los partidos si, efectivamente, quieren evitar que acudamos a unas terceras elecciones.

El problema no es, a mi juicio, la matización de posturas políticas después de las urnas que lógicamente pueden darse, teniendo en cuenta la tremenda dificultad para construir hoy un relato político redondo, sino la firme contundencia con la que se han mostrado los partidos a la hora de defender sus propuestas y de vetar las del resto de formaciones. Los líderes han asumido así un alto riesgo de tener hoy que traicionar a su electorado. Pocas horas después del escrutinio ya tenemos algún ejemplo de ello.

 

Apuntes de los principales partidos

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Pedro Sánchez gana las elecciones pero la configuración de su posible gobierno sigue en el aire. De confirmarse que sus estrategas le recomendaron forzar una repetición electoral al prever que podría salir más fortalecido, se certificaría un tremebundo error de cálculo demoscópico, político y moral. Un error agravado tras el táctico mandato de un gobierno en funciones con claros guiños electoralistas. Sánchez sigue hoy teniendo la batuta de una orquesta que suena con más estruendo que nunca.

 

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La modulación política de Pablo Casado, en busca de una mayor moderación, ha surtido efecto. El PP ha logrado rescatar a miles de votantes procedentes del centro-derecha, antiguos seguidores de Ciudadanos, sobre quienes ha calado, entre otras cosas, la idea del “voto útil”. El notable crecimiento de 20 escaños se digiere en la calle Génova con sabor agridulce, al no salir las cuentas para un gobierno de derechas y al contemplarse mientras tanto la fuerte irrupción de Vox. Se podría decir que Casado, pese a obtener uno de los más bajos resultados de la historia del partido, sale beneficiado entre la volatilidad y el resquebrajo electoral. Un escenario que le exigía tener que decantarse o por el extremo o la moderación. Ha optado por esta última y parece que ha salido más favorecido que perjudicado.

 

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Es el gran triunfador de la repetición electoral. El partido de Santiago Abascal es la tercera fuerza con 52 escaños. Triunfó su resultado en la misma medida que triunfó en campaña el discurso de su líder. Un discurso claro y rígido, sin grandes obstáculos ni reproches del resto de partidos, que optaron por ningunearlo para desacreditarlo, ignorando que lo que se atisbaba en el horizonte sí era un verdadero fenómeno político.  El clima de indignación ciudadana hacia los políticos, el incendiario clima en Cataluña o la exhumación de Franco han sido factores clave que han formado la suma de más de 3 millones y medio de votantes.

 

Logo_Unidas_Podemos_2019

Pablo Iglesias logra salvar los muebles de su partido tras la temida llegada de Más País -el espejismo de Íñigo Errejón que obtiene una irrelevante posición-. Unidas Podemos sigue teniendo la llave de La Moncloa, pese a perder 7 escaños. Iglesias insiste en que va a volver a tender la mano a Sánchez, sin dar pistas sobre su postura en la negociación. Veremos si sobre él pesa más un “deber moral” o un afán de poder.

 

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Albert Rivera fue el gran derrotado de la noche tras un monumental error del que ya alertaron figuras clave del partido, en una crónica de muerte anunciada. Un partido que, con foco estrictamente cortoplacista, decidió romper la esencia genética con la que nació. Una táctica que no previó una lenta pero asegurada recuperación del PP, una fuga masiva de la militancia y una profunda crisis de identidad que para un partido calificado de centro en España era difícil subsanar. Veremos qué rumbo toma la formación tras la dimisión de Rivera.

 

Los  partidos deberían, en la medida de lo posible, cumplir el compromiso electoral con sus votantes al tiempo que cumplan el deber moral de desbloquear este amargo proceso. Si esto lo logran con una posición conciliadora y un relato coherente, seguramente contribuyan a mejorar la talla política de un país que hoy vive con crispación, paralización y escepticismo.

/ Santi Doménech

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