Santiago Doménech

Mi perfil periodístico

EL CIERRE DE CANAL 9

 Un año. Esta semana se cumple un año del cierre de Canal 9. De aquella crónica de muerte anunciada o del anuncio de la muerte de la crónica. Hace un año que cinco millones de valencianos dijimos adiós a una fiel garantía de conocer lo que estaba pasando y de promover lo que entre todos cultivamos.

Entonces, los que tomaron la decisión, se aferraron a una explicación que se basaba en una cuestión meramente económica. Y, en parte, es cierto. Es cierto que la situación de Radiotelevisió Valenciana llegó a ser, como insisten, insostenible. Pero no es menos cierto, a mi entender, que el primer síntoma de aquel declive nada tenía que ver con una cuestión económica. Porque deficitaria no es una televisión pública que emite determinados contenidos. Deficitarios son determinados contenidos que se sacian de una televisión pública. Esta crisis se confirmó cuando unos ciudadanos, contribuyentes y propietarios, dejaron de reconocer un servicio público. Y dejaron de hacerlo porque la gestión de dicho servicio se olvidó de su razón de ser: servir a los ciudadanos. Hoy, todavía hoy, no hemos escuchado hablar de responsabilidades.

Instante en el que RTVV cierra sus emisiones en directo

Instante en el que RTVV cierra sus emisiones en directo

Las últimas novedades sobre este caso nos traslada al  Ple de les Corts, donde el president de la Generalitat dijo que no descarta reabrir la televisión. Y frente a esta ocurrencia es posible que surjan dos principales posturas entre los defensores de la televisión pública. En primer lugar, estarían aquellos que consideran que esta decisión obedece a una simple táctica electoral. Es decir, los que creen que se vuelve a utilizar Canal 9 como recurso político y no como servicio público. Los que no van a consentir, en definitiva, que se repita la misma historia. Y por otra parte, la segunda postura, sería la de aquellos que creen que se le puede dar una segunda oportunidad. Aunque aquí, creo yo, convendría ser un poco cauto porque de salir esto adelante el Govern estaría obligado a recuperar una confianza perdida que no se gana sólo restableciendo unas emisiones. Estaría obligado a valorar un nuevo modelo de televisión basado en criterios puramente periodísticos y no criterios políticos. Obligado, a consensuar con  los representantes políticos y sociales.

Sabemos que el camino del consenso es el más laborioso para una gestión pública. Pero del consenso debería de nacer y mantenerse la televisión pública de todos los valencianos ahora huérfanos de un derecho. El derecho a que unos informadores nos respondan con libertad y rigor: quiénes fuimos, dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos.

Columna de Opinión emitida en Radio Alcoy (Cadena SER) el 27/11/2014

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